
Alberto Buela. Hace 80 años el Mago de Friburgo publicó un libro con el mismo título, pero nosotros solo podemos barruntar un pequeño artículo.
El día de la raza declarado por el presidente Hipólito Yrigoyen se fue transformado en el día del descubrimiento, luego en el día del encuentro, más tarde en el de la opresión imperialista para terminar hoy en “el día de la diversidad cultural”. ¡Mamma mia!
Con muy buen criterio la colectividad hispana de USA lo festeja como el día de la Hispanidad, creo que tendríamos que hacer lo mismo, porque lo hispano implica, engloba y supone lo diverso.
Así, cuando decimos hispano no solo nos referimos a la lengua familiar más hablada del mundo, hoy con 670 millones de hablantes, (el chino mandarín es un idioma administrativo establecido por Mao a partir de 1966). De igual manera son hispanos los negros, los amarillos, los blancos, los rojos y los tornasolados, no excluye ninguna raza o etnia.
Alberto Buela. Este es un dicho que se ha puesto de moda en el ámbito del periodismo actual, con el cual desean “los analfabetos locuaces” poner distancia entre sus opiniones y la realidad de los hechos. Sobre todo, si estos no les complacen.
No cabe duda de que el dicho encierra alguna verdad. El dato es objetivo y el relato subjetivo, pues supone la interpretación del dato. Y hoy el periodismo es, fundamentalmente, interpretativo.
Estamos en plena guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán y los datos que nos ofrecen son: Israel no tiene muertos, Estados Unidos unos pocos y por errores propios, mientras que Irán tiene miles y miles.
El relato dice que la causa de la agresión judeo-yanqui es que Israel iba a ser la víctima potencial de Irán y sus bombas atómicas y Estados Unidos salió en su defensa pues ambos son Estados intercambiables- cuando digo uno, digo el otro. Y cuando digo el otro, digo uno- mientras que Irán encarna la maldad absoluta.
Alberto Buela. A partir de la primera asunción a la presidencia por Trump comenzó hablarse desde Steve Banon de la idea de Deep State y luego miles de comentaristas y analistas políticos siguieron con el tema.
El Estado Profundo es una realidad permanente compuesta por todos aquellos- funcionarios, militares, administradores, jueces, gobernadores, sindicalistas, periodistas, profesores, eclesiásticos, lobbies comunitarios, banqueros, etc.- que siguen en sus puestos más allá de los ciclos electorales y cambios de régimen.
Ahora bien, como bien sostiene el investigador italiano Gabrielle Adinolfi: El "Estado profundo" no se puede desmantelar porque eso equivaldría a desmantelar todo el orden social y estatal. Se puede atacar a las minorías sediciosas que contaminan el sistema”.
Alberto Buela. En 1975 había en Francia 8 mezquitas, en 2024 hay más de 2600.
Se estima que entre 2500 y 3000 iglesias van a desaparecer antes del 2030.
¿Cómo se puede explicar esto?
En primer lugar por el número desmesurado de musulmanes que han llegado a Francia desde 1975.
Los datos estadísticos dicen que los musulmanes que votan con 7 millones y que en total son el 31% sobre una población de 68 millones, esto es: 21 millones de musulmanes en Francia.
¿Qué hizo Francia para integrarlos? Nada. Nunca se le predicó la religión católica ni ninguna otra religión cristiana.
Alberto Buela. En la tranquilidad de en este tiempo que me toca vivir encontré en la biblioteca un viejo libro del autor bielorruso Moisés Ostrogorsky (1854-1921) sobre La democracia y los partidos políticos de 1902.
Lo primero que llama al atención es la actualidad de sus planteos y la similitud de su discurso y el de nuestro presente,122 años después. De lo poco que se sabe de su vida sabemos que estudió derecho en San Petesburgo; trabajó en el ministerio de justicia del Zar; viajó luego a perfeccionarse en París, Inglaterra y Estados Unidos, donde salió publicado el libro por primer vez; fue elegido para integrar la primera Duma luego de la Revolución de 1905 y abandona la vida pública cuando ésta es disuelta. Sobre las convulsiones políticas de la Rusia posterior nada se sabe sobre él. Murió en San Petesburgo, que ya se llamaba Leningrado.
Alberto Buela. Podemos constatar en estos últimos tres o cuatro años el enfrentamiento regular de los gobiernos de corte liberal-conservador como los de Trump, Meloni, Orban o Milei con el poder judicial de sus respectivos países. Esto es una constatación evidente que está muy lejos de adhesión a los mencionados gobiernos puestos de ejemplo.
Es que los jueces, personas satisfechas con el sistema que administran, (Hebert Marcuse) privilegian siempre el statu quo vigente, y cambiar en algo del orden social, político y económico reinante es algo que está reñido con su personalidad y conciencia.
Además los jueces no reciben una formación uniforme que permita una cierta equivalencia entre sus respectivas sanciones. Y como sostiene Gabriele Adinolfi: “Les magistrats appliquent les lois et, malheureusement, les interprètent souvent de manière idéologique”.= Los jueces aplican las leyes y, desgraciadamente, las interpretan a menudo de manera ideológica.
Alberto Buela. En estos dos o tres días en que Trump ha mostrado que puede hacer lo que quiere recibí tres artículos excelentes sobre el tema: uno que muestra la vigencia del pacto de los Estados Unidos con Arabia Saudita en el manejo del dólar y el petróleo; dos, la traición y la sucesión de Maduro y tres, el excelente de Jordi Garriga, Gracias Sr. Trump.
Y así afirma: “El Sr, Trump comete exactamente el mismo tipo de canalladas que uno puede esperar de la clase política: asalta, destruye, roba. Pero a todo eso no lo llama democracia o derechos humanos o solidaridad o intereses general, sino que simplemente dice que él es el amo, que puede tomar lo que le apetezca...y que si no plegamos a sus exigencias nos puede borrar del mapa”.
El artículo es de un realismo político pocas veces visto, pues muestra “la voluntad de poder de Trump” y la vincula a la voluntad de poder de Nietzsche para quien ésta es el corazón, el meollo que mueve y que anida en el mundo material, que es el único que existe para él. “El trumpismo es un nietzscheanismo para las masas”. Y así puede afirmar sin ponerse colorado que los Estados Unidos es el nuevo pueblo elegido, que son los más fuertes y que son los amos del mundo.
Trump ha adoptado la estrategia de knockout del boxeo a diferencia de las democracias discursivas y progresistas que nos vendió la Escuela de Frankfurt.
Alberto Buela (*) Ante el fracaso rotundo del modelo neoliberal que desde hace ya una década se aplica en nuestro país, proponemos lineamientos para un modelo alternativo, y para ello debemos fijar previamente qué entendemos por Estado-Nación, o mejor Nación-Estado, su naturaleza, principios y fines específicos, dado que es el marco de pertenencia a partir del cual adquieren sentido nuestras propuestas en los diferentes campos de acción pública.
Hoy asistimos a la crisis terminal de la Nación-Estado, aquél a quien Max Weber reservaba el monopolio de la fuerza, pues ha sido superado por instancias mucho más poderosas. Conviene pues comenzar repensando la génesis, en nuestro caso americana, de dicho Estado para luego hablar de su naturaleza.
El Estado surge en Europa a partir de la nación mientras que, por el contrario, en Nuestra América el Estado crea la nación. Así en Europa los movimientos lingüísticos y filosóficos de cepa romántica del siglo XVII aspiraban a formar estados nacionales. España es la primera Nación-Estado a partir de la unión de las naciones o reinos de Castilla y Aragón. Por el contrario, en América el movimiento se realizó a la inversa.
Alberto Buela. La hermenéutica la inaugura, cuando no, Aristóteles con su tratado Peri Hermeneias sobre la interpretación, ciencia que como tal se desarrolló hasta Schleiermacher (1768-1834) quien en su trabajo Discursos sobre hermenéutica, cuyo objeto de aplicación fue el discurso o la obra de un autor, y cuya finalidad fue la comprensión. Y así pasó de la mera interpretación de los hechos a la comprensión de la obra “para entender el discurso tan bien como el autor y después mejor que él”. Cada intérprete tiene que introducirse en la dimensión social e individual del autor para comprenderlo.
Alberto Buela. Lo primero que plantea tan arduo tema es responder a la pregunta ¿desde dónde vamos a hablar del orden criollo?. Y respondemos, desde la tradición nacional argentina e hispanoamericana.
a) Y esta tradición tiene un origen fáctico, de hecho, en los setenta y dos yeguarizos que trae Pedro de Mendoza a Buenos Aires en 1536, donde los pocos que quedaron, algunos murieron y otros se los comieron durante esa terrible hambruna porteña de cinco años que duró la aventura mendozina. Ordenada la despoblación de la primer Buenos Aires por Irala y desobedeciendo sus órdenes de degüello fueron largados a campo y se reprodujeron libremente durante cuarenta años, llegando a la cifra estimada de setecientos mil. De modo tal que la base fáctica, el hecho bruto y concreto del orden criollo es la cultura del caballo y todo aquello que la rodea.