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Diario YA


 

José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

el nombre del valiente protagonista, Licinio de la Fuente

NO HABÍA SITIO PARA ELLOS EN LA POSADA…

Manel Parra Celaya. No se trata de un cuento de Navidad, a la manera de Dickens o del injustamente silenciado Sánchez-Silva; tampoco es una inocentada, porque bastante tenemos con las que nos caen encima todos los días del año dada la situación por la que atraviesa España. Empecemos por la historia…
    Érase una vez una región española bastante depauperada, tanto por su casi ancestral aislamiento geográfico como por la persistencia en el tiempo del desinterés de los políticos ante una injusticia atávica; algunas viviendas parecían haber sobrevivido de un pasado remoto, con cuatro paredes de barro.  Un mandatario emprendedor -como ahora se dice- quiso coger el toro por los cuernos y pretendió hacer frente al problema construyendo embalses para el regadío y edificando pueblos nuevos para sustituir los chamizos en que malvivían las gentes. 
    Tuvo un gran impedimento legal: había que expropiar, y se topó con la negativa rotunda de la propietaria, una dama de alcurnia en su apellido que argüía sus derechos ancestrales sobre las tierras, que estaba casada, además, con un militar de gran peso específico en aquellos tiempos. El gobernante-emprendedor no se desanimó por ello: acudió a la más alta instancia del Estado, quien puso en posición de firmes al militar y a su esposa; se acometió la ingente obra y se convirtió en un vergel lo que era un árido desierto; se edificó un pueblo blanco, limpio y dotado de todas las infraestructuras modernas; se solucionó, así, el problema del paro en la zona, de la enseñanza y de la vivienda, con acceso a la propiedad para los trabajadores.
    Pero, ahora que lo pienso, creo haber escrito en el pasado algo sobre esta historia real, que no es obra de la imaginación de este articulista; para no repetirme, solo menciono el momento, años 50 del siglo pasado, y el nombre del valiente protagonista, Licinio de la Fuente. 
    Viene a cuento esta narración retrospectiva si echamos la vista a la actualidad, con las altas cifras de paro, con la triste realidad de esa España vacía (o vaciada), con los graves desafíos que suponen para nuestra agricultura y ganadería (y pesca, no lo olvidemos) los ucases de Bruselas, con la carestía de la cesta de la compra y, especialmente, con el trascendental problema de la vivienda, que, en estas fechas, me ha llevado a titular estas líneas con la cita evangélica sobre el Nacimiento en un pesebre del Hijo de Dios.
    Cáritas Española ha presentado recientemente un macroestudio sobre Exclusión y Desarrollo Social; son setecientas páginas del Informe FOESA, donde se señala que la exclusión severa en España ya ha atrapado a 4,3 millones de personas, una de las tasas de desigualdad más altas de la Unión Europea. 
    Resalto alguno de los párrafos más significativos del informe: “La inestabilidad laboral es norma…”; “Se privilegia la inversión sobre el uso social de la vivienda”; “La  pobreza se ha vuelto crónica y multidimensional”; “La vivienda es un nuevo vector de desigualdad y un factor clave de exclusión social; “La juventud española vive con un profundo pesimismo ante su futuro, marcado por la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda y la incertidumbre sobre el relevo generacional y la sostenibilidad del sistema de pensiones”… No podemos, pues, echar cohetes sobre el presente y, quizás, sobre el futuro inmediato.
    Casualmente, el otro día, un joven me dio en mano, en plena calle de Barcelona. una hoja impresa, lo que me causó extrañeza porque actualmente la propaganda política suele concretarse a las redes sociales. Resalto un párrafo del contenido, que viene a cuento sobre lo que estaba escribiendo en lo referente a las dificultades de la población, en concreto sobre el problema acuciante de la vivienda: “Desde luego, la Administración Pública tiene que promocionar la construcción de vivienda social, como se hizo en España desde los años 50, pero esta promoción debe orientarse a ayudar a las familias modestas de trabajadores y a los jóvenes, no a los ilegales, okupas y sinvergüenzas de todo pelaje que jamás han trabajado ni piensan hacerlo. Porque la vivienda es un derecho no absoluto, sino condicionado a la obligación de trabajar para ganársela, como han hecho siempre todas las personas honradas de este país”.
    Ojalá que se cumpla este deseo de que todas las personas honradas y trabajadoras dispongan de una vivienda digna en el futuro, para que no tengan que acomodarse en un establo porque no haya sitio para ellos en la posada a causa del predominio de la inversión sobre el uso de una vivienda social; y eso que el bueno de San José era un artesano de la madera que se ganaba el pan con el sudor de su frente y tenía que alimentar a su Esposa y, poco después, al Niño. 
    En estos tiempos -quizás- preelectorales, no menciono las siglas firmantes para no hacer propaganda, pero no debo silenciar que coinciden totalmente con el ideario joseantoniano del mencionado emprendedor Licinio de la Fuente.
 

Etiquetas:Manuel Parra Celaya