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Diario YA

Desde el triunfo de Ley y Justica y la instauración del gobierno de Beata Szydło, los medios de prensa españoles se han cebado contra Polonia,

Polonia, defensora de la libertad y de la europeidad

José Luis Orella. Desde el triunfo de Ley y Justica y la instauración del gobierno de Beata Szydło, los medios de prensa españoles se han cebado contra Polonia, recurriendo al mismo lenguaje que la prensa oficial del régimen comunista utilizó contra los manifestantes de Solidaridad en los años ochenta. Resulta grotesca la difamación contra uno de los grandes partidos polacos, cuyo adn procede del mítico sindicato que luchó por las libertades.

Pero en el momento actual es un gobierno que no se pliega a las directrices de la Unión Europea, y muestra una actuación política diferente, pero no euroescéptica. El actual gobierno dispone de una amplia mayoritaria absoluta por defender un programa electoral con mayor contenido social, ante la política de recortes; la defensa de la familia y las raíces cristianas, frente a la ampliación del aborto y la legalización del matrimonio homosexual; y la lucha contra la corrupción, que enfangó al anterior gobierno. No creo que ninguna de estas líneas de actuación sean, de por sí, contrarias a la democracia, más bien ayudan a introducir aire fresco en el espacio político polaco.

La mayoría obtenida por el actual gobierno y la votación que tuvo el movimiento Kukiz denotan el divorcio existente entre la sociedad y el anterior gobierno de coalición PO-PSL. Las protestas de la oposición de estos últimos días son representativas de una generación urbana y joven, defensora del liberalismo económico, pero que se identifica cada vez más con Nowoczesna (moderna) la nueva formación liberal de Ryszard Petru, que va sustituyendo en preferencia de voto a la antigua Plataforma Cívica. Los intereses de una generación de jóvenes polacos, crecidos en una Polonia integrada en la Unión Europea, contrasta con una sociedad que demanda mayores competencias sociales, como es el mismo caso de franceses y españoles.

La Polonia rural, la que depende de las instituciones públicas (sanidad, educación o policía) defienden la pervivencia de un nivel de vida que evite que sus hijos sigan teniendo la necesidad de emigrar a Europa occidental como mano de obra barata. El milagro polaco, sostenido en la devaluación del sloty, todavía no ha adoptado el marco, perdón el euro, que es como se llama ahora, pero ha permitido mantener la competitividad de la economía del país eslavo. Sin embargo, la necesaria limpieza de los amigos del gobierno anterior, de los puestos de decisión en medios de comunicación y de poder, debe realizarse con criterios de independencia y profesionalidad, para evitar acabar como sus rivales de Plataforma Cívica. La reconstrucción del Estado polaco era necesaria, pero debe servir a la sociedad polaca, no a una parte en exclusiva.

No obstante, será difícil evitar los ataques a la imagen internacional de Polonia. El país báltico junto al resto de los países del grupo de Visegrado (Hungría, Eslovaquia y República Checa) forman la oposición oficial a las directrices del eje franco-alemán de Angela Merkel. Lo curioso es que no plantean movimientos contrarios a la unidad europea, sino que al contrario, defienden el espíritu fundacional del tratado de Roma de 1957, de Adenauer, Schuman y De Gasperi. Una Europa unida y cimentada sobre sus raíces cristianas, algo que los actuales mandatarios de la Comisión europea relegaron al olvido, pero que San Juan Pablo II clamó en el Monte Gozó de Santiago de Compostela, proclamó: “desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes". Hoy a los defensores de esta Europa, se les persigue y difama.

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