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Diario YA

Tiempos Apocalípticos en España

J.Mª. Manrique. El obispo de Tarrasa, José Ángel Saiz, ha escrito en un tuit que «en el Ayuntamiento de Barcelona leen un texto blasfemo; recuerdo a Cicerón: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?», en alusión a las terroríficas blasfemias contra Dios y la Virgen María. Nada más, ni acto de condena expresa a los convocantes, actuantes y asistentes, ni acto de reparación pública, ni demanda judicial, ni … nada de nada.

Y este es de los mejores entre nuestros pastores, porque los demás han guardado un espeso silencio, como si no fuera con ellos. ¿Sería mucho pedir a nuestros consagrados que hicieran actos públicos y expresos de reparación? ¿Podrían nuestros obispos, Nuncio incluido, hacer lo mismo?. ¿Podrían incluso denunciar los acuerdos internacionales Iglesia-Estado? ¿Alguien podría convocar una manifestación? ¿Alguien podría poner una denuncia `corporativa´? ¿Estamos financiando con nuestro óvolo una estructura ineficaz en cuanto a la defensa de la fe?

Pero, sigamos. Me corrijo y reconozco que algún obispo ha hablado en alguna ocasión. Pero, con independencia de lo poco numerosos y casi nada contundentes que han sido, desgraciadamente además hay que tener en cuenta que alguno ha hablado para «disimular la falta». Las recientes declaraciones de Moseñor Oroso, a la sazón arzobispo de Madrid, en relación al asalto sacrílego a la Capilla de la Universidad Complutense, prácticamente disculpando a la ínclita sacrílega Rita Maestre, llenan de asombro e indignación a cualquier católico. Y, además las hizo precisamente la víspera del juicio que Alternativa Española ha promovido contra ella, condicionando, sin duda, el veredicto. Vuelvo al principio y me permito contestar a D. José Ángel Saiz: nunca.

Los católicos españoles actuales tienen una `paciencia´ infinita y nunca responderán `corporativamente´ a ningún ataque contra Dios y el catolicismo. Actuaciones individuales aparte, repito, no es de esperar que ninguna diócesis, y mucho menos la Conferencia Episcopal, se pronuncien seria y públicamente contra la blasfemia, el aborto, la corrupción de costumbres o la corrupción política generalizada.

Y baso lo anterior en la nula petición de derogación del aborto, en la lamentable actuación eclesial en Pamplona (en una de las profanaciones/blasfemias últimas, el local de la exposición, que cumplió su `calendario´ hasta el final y con total `normalidad´, es de propiedad arzobispal), y … en tantos casos que haría interminable un artículo. Desgraciadamente, somos ovejas sin pastor, mucho más que las contemporáneas de Jesucristo en Galilea. Sobre el dolor de reconocerlo, recemos y actuemos en consecuencia: estudiada financiación y búsqueda de organizaciones que nos amparen, preparación para lo peor … y vida espiritual intensa. Quiera Dios que esté equivocado.

Etiquetas:persecución religiosa