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Diario YA

Ante un anuncio tendencioso

Manuel Parra Celaya. Reconozco que no soy un gran aficionado al cine; veo aquellas películas, eso sí, cuya calidad artística me viene avalada por amigos expertos y procuro evitar las mediocres, aunque sean ensalzadas por la propaganda, y aquellas que contienen, como de contrabando, un cierto mensaje de tono políticamente correcto. Ya pueden suponerse, por tanto, que soy bastante selectivo, aunque en modo alguno me cuento entre las filas de los llamados conspiranoicos: simplemente, aplico mi sentido común para que no me endosen mercancías explícitas o subliminales.

Ideas de hoy en viejos libros

¿No será Europa heredera directa de un sistema de naciones inconciliables como fue Grecia?

Manuel Parra Celaya. De vez en cuando sucumbo a la tentación de repasarme libros leídos y casi olvidados de mi copiosa biblioteca y dejar de retén el rimero, también considerable, de las últimas adquisiciones pendientes de lectura. No creo que ello obedezca al mismo criterio del Borges anciano acerca de que, por su ceguera física, seguía leyendo en la memoria, leyendo y transformando, textos de otras épocas; por el contrario, estoy permanentemente abierto a nuevas aportaciones bibliográficas, en la firme convicción de que el pensamiento humano -a pesar de las apariencias- no se ha detenido y avanza.

el Ayuntamiento de Barcelona, que anda absorbido por tareas como las que se detallan a continuación

Tics de un progresismo caduco

Manuel Parra Celaya. Ya no tienen razón de ser los viejos chistes que ironizaban sobre la holgazanería y la negligencia de las municipalidades y otras administraciones españolas. Por el contrario, actualmente se les acumulan los trabajos, que acometen sin descanso, las agendas de sus cargos y consejeros están ahítas de urgencias y, por qué no reconocerlo, se despepitan por servir a los ciudadanos y a sus necesidades más apremiantes

Los gurús de las estadísticas nos han venido bombardeando desde el día 11

¿Hay dos Cataluñas?

Manuel Parra Celaya. Los gurús de las estadísticas nos han venido bombardeando desde el día 11 sobre si el número de manifestantes separatistas había decrecido o no con respecto a años anteriores; son los mismos que, tras un escrutinio electoral, se apresuran a pontificar sobre los votos desplazados, de dónde proceden y cuáles han sido las causas que han empujado a los ciudadanos a cambiar sus inclinaciones. Los titulares de los periódicos colaboran eficazmente, según sus tendencias o las subvenciones que reciben, destacando avances o retrocesos de lo que, en lenguaje políticamente correcto, denominan Independentismo o constitucionalismo.

Necrofilia en el Ayuntamiento de Pamplona

Manuel Parra Celaya. Creíamos que eso de remover sepulturas y airear su macabro contenido había quedado para las películas gore y las series criminológicas de televisión, que compensan la truculencia de unas imágenes con bellas agentes de policía; o que, en nuestra historia, quedaba soterrado en las páginas más terribles de nuestro siglo XX, con las fotos de exhumaciones y consiguiente exposición al público de restos humanos en Las Salesas de Madrid o en los Maristas de Barcelona. Lamentablemente, la necrofilia parece formar parte de actuales programas políticos, como se puede desprender de las intenciones del Ayuntamiento de Pamplona.

Vic, bella ciudad catalana, antaño de mayoría religiosa y carlista y hogaño devenida en feudo separatista

El farolillo estelado de la cabalgata de Reyes

Manuel Parra Celaya. Imagino a todos los lectores exhaustivamente enterados del tema del farolillo estelado de la cabalgata de Reyes de Vic, bella ciudad catalana, antaño de mayoría religiosa y carlista y hogaño devenida en feudo separatista. Es de admirar la sagacidad de la ingeniería social del nacionalismo, que transformó una ocurrencia local de la autodenominada Asamblea Nacional de Cataluña y del Ómnium Cultural en un asunto de relevancia política: que los niños vigatanos recibieran a sus Majestades de Oriente portando un fanal de cartulina en el que iba recortado ese símbolo espurio, que ya ha desalojado en nuestras tierras a las históricas barras de la Corona de Aragón

trabajadores franceses votan a Le Pen, Wall Street apoya con armas y bagajes esa curiosa antropología de género representada por la señora Hilaria y la radical C.U.P. va del bracete con los senyors Esteve

De etiquetas y definiciones políticas

Manuel Parra Celaya. Las etiquetas políticas van camino de desaparecer, para quedar como una antigualla de museo. Esto puede gustarnos o no, pero es una evidencia en nuestro mundo occidental, por lo menos desde que los indómitos trabajadores franceses votan a Le Pen, Wall Street apoya con armas y bagajes esa curiosa antropología de género representada por la señora Hilaria y la radical C.U.P. va del bracete con los senyors Esteve de la ex Convergencia, experta en recortes.

no se trata, no, de que aquellas cumplan sus promesas de campaña, ingenuidad de que la nos liberó explícitamente el profesor Tierno Galván

INTOLERANCIAS Y MEMECES

Manuel Parra Celaya. Vengo manteniendo que los políticos elegidos mediante sufragio suelen responder fielmente a las expectativas de sus electores; no se trata, no, de que aquellas cumplan sus promesas de campaña, ingenuidad de que la nos liberó explícitamente el profesor Tierno Galván, sino de que sus personas son algo así como el paradigma de quienes han depositado el voto con su nombre.

Y es que hemos confundido los términos y todo este panorama lo consideramos como un producto natural de la democracia

Peregrina a ningún lugar

Manuel Parra Celaya. Creían los antiguos que el destino de los individuos y de las colectividades estaba escrito en los astros. Decimos los cristianos que Dios, aunque siempre está presente en la historia, ha concedido a unos y a otros la libertad, y que no existen determinismos de suerte alguna. Así, cada ser humano y cada nación llevan a cabo su camino en el tiempo siempre en busca de unas metas – espirituales y materiales, culturales y políticas, económicas y técnicas.

LA BUENA GENTE

Manuel Parra Celaya. La alargada sombra de la distopía que plasmó la pluma de Orwell sigue cayendo sobre la España actual. Los ministerios de la verdad pretenden borrar o cambiar la historia; los ministerios del amor están consiguiendo reimplantar la planta odiosa de los rencores dormidos y los odios apagados. En el sopor de este verano, hacen entretanto su necio trabajo los genios de la dispersión que se esconden en cada pequeña aldea; todo ello, ante una indiferencia muy generalizada o la cansina rutina de protestas oficiales y democráticas y amagos de amenaza de medidas jurídicas que, todo sea dicho, se la trae al pairo a los secesionistas.