Principal

Diario YA

RASPUTINAJE

MANUEL PARRA CELAYA. Tomo prestada la palabreja que preside este artículo de un neologismo acuñado en una lectura de Josep Pla, el genial escritor ampurdanés ahora silenciado y olvidado por el nacionalismo, que no considera catalanes a quienes, en el pasado o en el presente, no comulgan con sus disparatadas ideas.   Rasputinaje: confieso que me sorprendió el término. Ya saben: Rasputín fue un siniestro personaje de la Rusia de los Romanov, entre místico, sanador, embaucador y consejero de la corte; un extraño monje que, con un tremendo poder de sugestión y unas prácticas pseudorreligiosas, encandiló a la propia zarina y casi llegó a dirigir los destinos de Rusia en los años precedentes a la revolución. La leyenda se une a la historia en este punto, pero, según parece, una conjura dirigida por el príncipe Yusúpov acabó con la vida de este personaje, primero con un intento de envenenamiento y luego con cuatro tiros.

Sirvió ampliamente como despectivo, y casi insulto, para que los catalanistas acérrimos designaran a aquellas personas que se incorporaban a Cataluña, procedentes de otras regiones españolas

LOS NUEVOS CHARNEGOS

Manuel Parra Celaya. La palabra charnego (xarnego, en grafía catalana) está claramente en desuso en estos días. Sirvió ampliamente como despectivo, y casi insulto, para que los catalanistas acérrimos designaran a aquellas personas que se incorporaban a Cataluña, procedentes de otras regiones españolas, en busca de trabajo y de mejores condiciones de vida para sus familias, y que lograron ambas cosas a costa de los sudores, los esfuerzos sin cuento y, muchas veces, de la animadversión y el menosprecio de sus convecinos, defensores sañudos de su identidad.

No me duelen prendas en reconocerlo: me equivoqué, y me alegro de ello

Me equivoqué: España es capaz de despertar, y a las pruebas me remito

Manuel Parra Celaya. No me duelen prendas en reconocerlo: me equivoqué, y me alegro de ello. Como recordarán, venía insistiendo en varios artículos sobre la indiferencia de la sociedad española ante el creciente desafío separatista que se estaba gestando, a bombo y platillo, en Cataluña; me desesperaba, no solo de la inacción, sino de la aparente falta de sensibilidad que me parecía advertir en mis compatriotas, tanto por contenidos periodísticos como por conversaciones privadas y ocasionales con gentes de diversos lugares de la Piel de Toro.

PROBLEMAS DE TRÁFICO

La Vanguardia sigue actuando de boletín oficioso de los actuales prebostes de la Generalitat

Manuel Parra Celaya. El diario La Vanguardia, que sigue actuando de boletín oficioso de los actuales prebostes de la Generalitat y recibe por ello cuantiosas subvenciones, titula hoy, 12 de septiembre, su portada El sí toma las calles de Barcelona; eso de tomar tiene un cierto regusto de acción militar, por cierto, y nos conduce sospechosamente a las figuras jurídicas de la sedición o de la rebelión. En todo caso, el rotativo se hace así eco del baño de masas que pretendían Puigdemont, Junqueras y sus imprescindibles conmilitones de la CUP.

reafirmar cada día un legítimo orgullo de ser español (y, por ende, de ser catalán, europeo e hispano)

Orgullo Nacional Versus Nacionalismos

Manuel Parra Celaya. Vaya por delante una afirmación rotunda: toda especulación estadística sobre intenciones de voto y tantos por ciento de catalanes favorables o no favorables a la separación es viciosa de origen. Como también lo es, sin duda, cualquier especulación del mismo tenor sobre las posibles apetencias del conjunto del pueblo español, acogiéndose al lugar común legal de la soberanía nacional.

EL DISCURSO DEL ADVERSARIO

MANUEL PARRA CELAYA Al adversario, por definición, hay que vencerlo. Cualquier duda o vacilación al respecto es presagio de una derrota propia, ocasionada por falta de convicción en la propia causa. Así, el espectacular crecimiento del separatismo en Cataluña en las últimas décadas se debe, no solo a las estudiadas y aplicadas estrategias, sino a la debilidad del Estado español que debía hacerle frente; y esto, como todo el mundo sabe, puede aplicarse sin distinción a los sucesivos gobiernos de izquierda y de derecha. Nuestra conclusión es que este Estado, fuer de proclamarse liberal, no cree ni en sí mismo.

Debe de ser una maruja con estelada cierta señora que se dedicaba anteayer a increpar a un soldadito que hacía guardia cerca de Capitanía

MARUJAS CON ESTELADA

Manuel Parra Celaya. El término tiene ya cierta antigüedad en el lenguaje coloquial, por lo menos sus treinta añitos, que ya implica cierta madurez hasta para las palabras. Gómez Torrego (El léxico en el español actual; uso y norma. 1995) decía que es fiel reflejo de la actitud de la sociedad contra las mujeres que desempeñan sus trabajos como meras amas de casa; y amplía la información, afirmando: con las connotaciones del cotilleo, de la afición a los culebrones o a las revistas del corazón. Sin embargo, para mí que el origen del vocablo está en los personajes del genial Forges.

SIN SORPRESA Y CON INQUIETUD

Aquí, en Barcelona, las gentes normales, las buenas gentes, van a su trabajo, toman el autobús, compran y pasean

Manuel Parra Celaya. Me proponía esta semana dejar descansar a los lectores de la matraca separatista, eso que algunos llaman problema catalán y que yo insisto en calificar de reflejo del constante problema de España, y del que se ocuparon en la historia y ocupan en el presente las mejores plumas y mentes; pero, ya lo ven ustedes, las circunstancias son más fuertes que mi buena voluntad. Empecemos por una nota tranquilizadora: aquí, en Barcelona, las gentes normales, las buenas gentes, van a su trabajo, toman el autobús, van de compras y pasean con la familia; lo que ven ustedes en la tele corresponde al otro sector, al de los secesionistas de Puigdemont, de Junqueras, de Ana Gabriel…

Ustedes mi dirán cuántas manifestaciones a favor de la unidad de España se han celebrado fuera de Barcelona

Cuestión de lenguajes y elogio (PROVISIONAL) de Doña Soraya

Manuel Parra Celaya. Nunca me atrevería a jugar a póker con Mariano Rajoy; ni siquiera al pimpón. Lo primero por la inescrutabilidad de su rostro y lo segundo por la invariabilidad de su postura; así, un servidor sería incapaz, en el caso de los naipes, de saber si tiene escalera de color o se trata de un simple farol, y, en el supuesto de la pelotita y la paleta, por no ser capaz de adivinar si me va a lanzar por el lado derecho, por el izquierdo o por el centro de la mesa y me va responder con un revés o con una imparable picada.

NACIONALISMO Y POSVERDAD

Tanto la Corona aragonesa como España también son verdades históricas

Manuel Parra Celaya. Lancemos las campanas al vuelo: al parecer, la RAE tiene la intención de incluir el término posverdad en el acervo común de la Lengua. Ya saben: aquello que no responde a un criterio objetivo de realidad, sino que obedece a un consenso, más o menos generalizado y que, en la práctica, está en las sabias manos de la ingeniería social de los poderes fácticos. La palabra es, evidentemente, bastante novedosa, pero no así el concepto; su origen puede remontarse -con polvo y telarañas de siglos- a las teorías de Rousseau, que nos vino a decir que no existían verdades permanentes, sino decisiones de voluntad de supuestas mayorías, elevadas, de manera pseudo metafísica, a la categoría de Razón infalible.