Home

Diario YA

YO CONFIESO…

Según la nueva ley de memoria histórica, estando las montañas nevadas no se puede ir con la mirada clara

MANUEL PARRA CELAYA. Hace escasos días, con respecto a los nuevos proyectos de memoria histórica, dejé caer en un artículo las siguientes palabras: Nuestros recuerdos, nuestras evocaciones de una lejana, alegre e ilusionada juventud, nuestra intrahistoria, común y particular, pueden caer fácilmente bajo el peso de una ley inicua. ¿Será delito craso contar una anécdota campamental a tus hijos o nietos? ¿Podría ser objeto de sanción y objeto del Código Penal tararear en la ducha una vieja canción de marcha? (…)

MI SUEÑO AMERICANO

Manuel Parra Celaya. Pues sí, yo también tengo mi sueño americano, aunque no coincida con ese que dice el Sr. Trump que está en su mejor momento. Consiste en cruzar el charco y tomar contacto con algún lugar de Hispanoamérica (no Latinoamérica, por favor, Su Santidad).  Porque resulta que, entre mis muchas carencias, figura precisamente esa. Ni yo ni ninguno de mis antepasados (que yo sepa) llevó a cabo ese viaje; por eso, una vez tuve que responder a un alumno de inequívocos rasgos mestizos, que me afirmaba que los españoles solo habían ido a América a robar y a violar indias, la lindeza siguiente: Serían tus ancestros, porque los míos no se movieron de aquí.

a quien me preguntaba respondía que se trataba de un voto simplemente españo

LAS TRES PES

MANUEL PARRA CELAYA    Empecé a escribir estas líneas en el llamado día de reflexión, es decir, la víspera de las elecciones autonómicas catalanas. Poco tenía que reflexionar entonces, porque tenía ya mi voto decidido; por supuesto, a favor de la unidad de España. A pesar del mantra constante de los políticos, me negaba y me niego a llamarlo constitucional, porque no se trataba de votar sobre una ley que estaba y está en vigor; las leyes se acatan, por mor del civismo, sin renunciar por ello a las expectativas de su mejora y transformación cuando los idus sean propicios; además, no dejaba de pensar que en varios apartados del texto constitucional se encierra el busilis de la actual crisis de Cataluña.

VOTA POR MÍ

MANUEL PARRA CELAYA    He recibido un agradable e impactante mensaje de un amigo salmantino en el que, junto a su abrazo, me reitera su decidida apuesta por la unidad española y, como él no puede, lógicamente, votar en las elecciones autonómicas del día 21, me invita a hacerlo en su nombre con un simpático vota por mí.
 

RASPUTINAJE

MANUEL PARRA CELAYA. Tomo prestada la palabreja que preside este artículo de un neologismo acuñado en una lectura de Josep Pla, el genial escritor ampurdanés ahora silenciado y olvidado por el nacionalismo, que no considera catalanes a quienes, en el pasado o en el presente, no comulgan con sus disparatadas ideas.   Rasputinaje: confieso que me sorprendió el término. Ya saben: Rasputín fue un siniestro personaje de la Rusia de los Romanov, entre místico, sanador, embaucador y consejero de la corte; un extraño monje que, con un tremendo poder de sugestión y unas prácticas pseudorreligiosas, encandiló a la propia zarina y casi llegó a dirigir los destinos de Rusia en los años precedentes a la revolución. La leyenda se une a la historia en este punto, pero, según parece, una conjura dirigida por el príncipe Yusúpov acabó con la vida de este personaje, primero con un intento de envenenamiento y luego con cuatro tiros.

EL DISCURSO DEL ADVERSARIO

MANUEL PARRA CELAYA Al adversario, por definición, hay que vencerlo. Cualquier duda o vacilación al respecto es presagio de una derrota propia, ocasionada por falta de convicción en la propia causa. Así, el espectacular crecimiento del separatismo en Cataluña en las últimas décadas se debe, no solo a las estudiadas y aplicadas estrategias, sino a la debilidad del Estado español que debía hacerle frente; y esto, como todo el mundo sabe, puede aplicarse sin distinción a los sucesivos gobiernos de izquierda y de derecha. Nuestra conclusión es que este Estado, fuer de proclamarse liberal, no cree ni en sí mismo.

Sirvió ampliamente como despectivo, y casi insulto, para que los catalanistas acérrimos designaran a aquellas personas que se incorporaban a Cataluña, procedentes de otras regiones españolas

LOS NUEVOS CHARNEGOS

Manuel Parra Celaya. La palabra charnego (xarnego, en grafía catalana) está claramente en desuso en estos días. Sirvió ampliamente como despectivo, y casi insulto, para que los catalanistas acérrimos designaran a aquellas personas que se incorporaban a Cataluña, procedentes de otras regiones españolas, en busca de trabajo y de mejores condiciones de vida para sus familias, y que lograron ambas cosas a costa de los sudores, los esfuerzos sin cuento y, muchas veces, de la animadversión y el menosprecio de sus convecinos, defensores sañudos de su identidad.

Debe de ser una maruja con estelada cierta señora que se dedicaba anteayer a increpar a un soldadito que hacía guardia cerca de Capitanía

MARUJAS CON ESTELADA

Manuel Parra Celaya. El término tiene ya cierta antigüedad en el lenguaje coloquial, por lo menos sus treinta añitos, que ya implica cierta madurez hasta para las palabras. Gómez Torrego (El léxico en el español actual; uso y norma. 1995) decía que es fiel reflejo de la actitud de la sociedad contra las mujeres que desempeñan sus trabajos como meras amas de casa; y amplía la información, afirmando: con las connotaciones del cotilleo, de la afición a los culebrones o a las revistas del corazón. Sin embargo, para mí que el origen del vocablo está en los personajes del genial Forges.

No me duelen prendas en reconocerlo: me equivoqué, y me alegro de ello

Me equivoqué: España es capaz de despertar, y a las pruebas me remito

Manuel Parra Celaya. No me duelen prendas en reconocerlo: me equivoqué, y me alegro de ello. Como recordarán, venía insistiendo en varios artículos sobre la indiferencia de la sociedad española ante el creciente desafío separatista que se estaba gestando, a bombo y platillo, en Cataluña; me desesperaba, no solo de la inacción, sino de la aparente falta de sensibilidad que me parecía advertir en mis compatriotas, tanto por contenidos periodísticos como por conversaciones privadas y ocasionales con gentes de diversos lugares de la Piel de Toro.

SIN SORPRESA Y CON INQUIETUD

Aquí, en Barcelona, las gentes normales, las buenas gentes, van a su trabajo, toman el autobús, compran y pasean

Manuel Parra Celaya. Me proponía esta semana dejar descansar a los lectores de la matraca separatista, eso que algunos llaman problema catalán y que yo insisto en calificar de reflejo del constante problema de España, y del que se ocuparon en la historia y ocupan en el presente las mejores plumas y mentes; pero, ya lo ven ustedes, las circunstancias son más fuertes que mi buena voluntad. Empecemos por una nota tranquilizadora: aquí, en Barcelona, las gentes normales, las buenas gentes, van a su trabajo, toman el autobús, van de compras y pasean con la familia; lo que ven ustedes en la tele corresponde al otro sector, al de los secesionistas de Puigdemont, de Junqueras, de Ana Gabriel…